Homenaje a nuestra familia.

Nuestras Estrellas

En Evergreen Laurel Miniamerican, cada de nuestro perros tiene su propia historia y legado.No criamos para exponer titulos, sino para compartir la alegría de convivir con compañeros leales, inteligentes y llenos de vida.
Aquí te presentamos a quienes nos inspiran cada día nuestro trabajo y nos recuerdan porque amamos esta raza.

Am.Ch. Alta Metallic Moonlight

LYRIC, pilar del hogar.

Lyric es el pilar del hogar, la presencia que sostiene, vigila y decide.

La más consentida, la más temida, la más amada.

Es esa figura que no pide permiso: reclama el centro de la escena.

Ama profundamente a su madre, su humana principal.

Al resto de seres humanos… los odia. Aunque con su padre curiosamente, ha logrado entablar una relación de mutuo beneficio.

Ella es protagonista absoluta, es la gran matrona, es el origen de todas las leyendas, protagonista de todas las tragedias domésticas, de todos los dramas familiares y todas las óperas caninas. 

Internacional de nacimiento, canadiense de cuna y  trotamundos por vocación. Ha recorrido escenarios naturales en California, Georgia, Miami y North Carolina, no solo paseando sino compitiendo, dejando huella, marcando linaje, ella es la que abrió el camino.

Y su historia no está exenta de escándalo. Que no se nos olvide que protagonizó un affair inolvidable con uno de los minis más reconocidos de Estados Unidos: el señor Remi, QEPD.  Una relación intensa, breve y suficiente para convertirse en mito. Como toda gran figura, Lyric no explica sus amores: los vive y los trasciende. 

Es protectora del hogar por instinto y por mandato ancestral. Desconfía de los extraños porque entiende el mundo como un territorio que debe resguardarse. Su mirada escanea, su cuerpo se tensa, su presencia impone límites invisibles. Nadie cruza un umbral sin ser evaluado primero por ella.

Y, sin embargo, es la más amorosa.
La más pegachenta.
La más mimada. 

Lyric necesita tocar. Necesita estar encima, al lado, pegada. No concibe la distancia emocional ni física. No puedes ir al baño sola porque el amor, para ella, no espera afuera.

Lyric es control y ternura, vigilancia y apego, amor desbordado y frontera clara.

Estar con Lyric es aceptar que nunca volverás a estar sola. Y que, en el fondo, eso es exactamente lo que ella quiere.

Evergreen Laurel Etra.

ETRA, la hija favorita del amor.

La más dulce.
La más luminosa.
La que no entiende la vida sin afecto.
Etra no entra a una habitación: la ablanda.
Es la hija favorita de Lyric. Y no por obediente, sino porque Etra es amor.
Ama a su madre con devoción.
Ama a su familia perruna con lealtad de clan.
Ama al vecino.
Ama al vigilante.
Ama a cualquier humano que se cruce en su campo visual.
Ella no conoce extraños: solo futuros amigos.
Ella de esas almas que no te miran superficialmente. Te mira a los ojos como si estuviera tratando de leerte. De entender quién eres. De decidir cómo amarte mejor.
Porque sí: Etra quiere ser la más querida.
Quiere ser el florero en la mesa de centro. El punto focal de la sala. La presencia que todos notan apenas cruzan la puerta.
Ella también es americana. Hija directa de Remi, el más galardonado. Y eso se le nota en la genética y en la actitud.
Tiene porte de heredera. Camina como si perteneciera a todos los espacios.
Y luego están sus ojos.
Azules. Claros. Como ese mar que no amenaza, solo invita.
Los ojos de Etra no observan: revelan.
Dejan ver su alma. Y su alma es limpia. Transparente. Pura.
Antes era campo.
Antes iba siempre de la mano con su hermana Sofía. Se metían en charcos. Se perseguían sin rumbo. Volvían llenas de barro y felicidad.
Ahora es citadina.
Ahora vive entre aceras, bocinas y rutinas urbanas.
Ahora duerme con ruido de ciudad en vez de grillos.
Ha cambiado su geografía, no su esencia.
Sigue amando igual.
Sigue confiando igual.
Sigue queriendo ser querida igual.
Etra no protege el hogar. Etra lo suaviza. No desconfía del mundo, lo adopta.
Estar con Etra es aceptar que siempre habrá alguien feliz de verte.
Que siempre habrá una mirada azul buscándote.
Que siempre habrá un cuerpo pequeño tratando de encajar contigo.
Porque, en el fondo, Etra no quiere protagonizar la escena.
Quiere protagonizar tu corazón.

SOFIA

Matrona por derecho y por memoria.

Hija directa de Lyric.
Hermana de Etra.
Hija de Remi, el famoso Remi.
Linaje pesado. Presencia inevitable.

Hoy camina más despacio.
El cuerpo le guarda años, historias, descanso.
Se permitió la vida sedentaria, el placer de quedarse, el derecho a no correr siempre.
Está un poco pasada de peso —y no le importa—
porque Sofía ya no tiene nada que probar.

Pero hubo un tiempo.
Y ese tiempo fue feroz.

Sofía fue campo abierto.
Fue barro hasta las orejas.
Fue agua fría y charcos donde se quedaba, inmóvil, diciendo sin palabras:
aquí me quedo.

Corría a los caballos.
Desafiaba a las vacas.
No por juego, sino por llamado.
Porque el pastoreo no se le enseñó:
le nació.

Cuando uno piensa en un perro de verdad de pastoreo,
en el sentido más puro, más antiguo, más instintivo de la palabra,
ese perro es Sofía.

Su cuerpo sabía leer el movimiento antes de que sucediera.
Sus ojos organizaban el caos.
No imponía fuerza: imponía orden.

Es estable.
Es firme.
Es de esas presencias que no necesitan levantar la voz para que todo se alinee.

También es protectora.
No desde la desconfianza, sino desde la responsabilidad.
Sofía cuida porque entiende.
Porque conoce el peso de sostener un territorio, un grupo, una historia.

Y fue madre.
Madre de Becky, la famosísima Becky,
la que cruzó fronteras,
la que llegó a Brasil,
la que pisó el mundial.

Nada de eso es casualidad.

Sofía no corre ahora detrás de nadie.
Observa.
Evalúa.
Permanece.

Es la perra que ya hizo todo
y por eso puede quedarse quieta.

Estar cerca de Sofía es sentir que el mundo, por un momento,
está bajo control.
Que alguien ya pensó en todo.
Que el campo, aunque ya no esté,
sigue viviendo en su cuerpo.

Sofía no necesita protagonizar la escena.
Ella es la estructura que permite que la escena exista.

ISACC, El heredero que brilla en movimiento.

Hermano de Sofía.
Hermano de Etra.
Hijo de Lyric, una canadiense.
Hijo de Remi, un americano.
Nada en él es casualidad.

Isaac es el que más ha salido al mundo.
El que ha pisado pistas en Colombia.
El que ha aprendido a competir, a mostrarse, a sostener la mirada.
Y ahora está a punto de volar más lejos:
Brasil lo espera.
Una temporada para vivir, para competir, para conocer.
Para correr distinto.
Para descubrir el mar, la arena, la playa como escenario.

Isaac es un galán.
No por pose, sino por presencia.

Su cuerpo es una coreografía limpia:
movimiento fabuloso,
fuerte,
atlético,
estable.

Cuando camina, se entiende de dónde viene.
Sigue los pasos de su padre sin copiarlos.
Honra el linaje con elegancia propia.

Pero si hay algo que lo define —más allá del físico, más allá de la pista—
es su dulzura.

Isaac es dulce de verdad.
Dulce como arequipe.
De esos que se pegan, que no se sueltan, que reconfortan.

Es pegachento.
Demandante de afecto.
De los que dicen sin palabras:
si no me tocas ahora, me desarmo aquí mismo.

Quiere contacto.
Quiere cercanía.
Quiere cuerpos alrededor.

Es amoroso con toda la familia.
Paciente con los niños.
Cuidadoso, tierno, confiable.
Un perro que no endurece el espacio: lo vuelve habitable.

Hermoso, sí.
Pero también generoso.

Isaac ha dado satisfacciones.
En exposiciones.
En resultados.
En orgullo.

Y también ha dejado huella en su descendencia.
Hijos hermosos, fuertes, bien hechos.
Hijos que cargan algo de su dulzura, algo de su presencia, algo de su calma.

Isaac está en tránsito.
Entre lo que ya logró
y lo que está a punto de descubrir.

Está viviendo el momento exacto
en el que el linaje se mueve,
el cuerpo responde
y el mundo se abre.

Isaac no necesita imponerse.
Él llega, se mueve
y todos lo miran.

Porque hay perros que compiten.
Y hay perros que, además,
se quedan en el corazón de quienes los conocen.

Isaac es de esos.

Andrés
Presencia sólida. Linaje impecable.

Uno de los padrotes del criadero.
Importado de Canadá, proveniente del criadero Alta —el mismo hogar de Lyric—.
Llegó adulto, con historia, con carácter formado, con todo su panel genético de salud en orden.

Andrés es reservado.
Un poco tímido.
De esos perros que no se imponen, pero se sostienen.

Tiene un rojo tricolor profundo, elegante.
Y carga algunas de las mejores líneas de sangre del momento.
Eso se nota.
En el cuerpo.
En la estructura.
En lo que transmite.

Ha sido padre de camadas destacadas,
incluyendo uno de los cachorros más grandes que hemos tenido.
Su descendencia es consistente, armónica, muy linda.
Perros bien hechos, con presencia y equilibrio.

Andrés no busca protagonismo.
Pero deja legado.

Y en un criadero,
eso lo es todo.